En un mundo dominado por el ideal de la actividad incesante y el trabajo, el filósofo Josef Pieper ofrece un argumento intempestivo y profundo sobre la verdadera fuente de la felicidad humana. Basado en el pensamiento clásico, especialmente en Santo Tomás de Aquino, Pieper sostiene que la máxima felicidad del hombre radica en la contemplación (theoria): un acto de conocimiento que no es esfuerzo intelectual ni trabajo, sino una mirada receptiva y silenciosa que se llena del sentido de la realidad y de la verdad de las cosas. Para Pieper, el hombre es feliz cuando contempla lo que ama, y esta capacidad —observable en el arte, la música, o la naturaleza— es una forma de participar, incluso en lo finito, en la alegría definitiva y en la plenitud de lo divino. Páginas 91
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En un mundo dominado por el ideal de la actividad incesante y el trabajo, el filósofo Josef Pieper ofrece un argumento intempestivo y profundo sobre la verdadera fuente de la felicidad humana. Basado en el pensamiento clásico, especialmente en Santo Tomás de Aquino, Pieper sostiene que la máxima felicidad del hombre radica en la contemplación (theoria): un acto de conocimiento que no es esfuerzo intelectual ni trabajo, sino una mirada receptiva y silenciosa que se llena del sentido de la realidad y de la verdad de las cosas. Para Pieper, el hombre es feliz cuando contempla lo que ama, y esta capacidad —observable en el arte, la música, o la naturaleza— es una forma de participar, incluso en lo finito, en la alegría definitiva y en la plenitud de lo divino. Páginas 91